El presupuesto nacional fue aprobado contra viento y marea en el Senado de la Nación y como sabemos, es necesario que un país tenga Presupuesto porque es una herramienta que otorga cierta seguridad a los inversores, hace más previsible la dinámica financiera y económica de un país, pero fundamentalmente, hace a la seriedad con la que un gobierno encara la gestión administrativa del año próximo. Argentina hacía tres años no contaba con Presupuesto, por cuestiones eminentemente políticas.
Ahora bien, hay en todo este derrotero de la ley de leyes en el senado, cuestiones que sin duda los ciudadanos comunes nunca sabremos como no nos hemos enterado de lo sucedido alrededor de cada ley de este tipo que se aprobó en la historia reciente. Y todo ese bagaje de artimañas, rencillas, amenazas, enojos y reconciliaciones, intereses provinciales y personales, promesas a espaldas del pueblo y corrupción, el gobierno, senadores y diputados lo resumen tras una palabrita mágica que engloba todo eso y mucho más que es “Negociación”.
Negociación se define técnicamente como “el proceso de comunicación entre dos o más partes con intereses divergentes para llegar a un acuerdo mutuamente aceptable”; allí discurren todo tipo de factores que van desde las acciones más altruistas que algunos legisladores pueden tener, como ceder en algunas de sus convicciones personales para ayudar en el proceso de un logro común, que a veces, aún en situación ideológicas muy dispar, hacen que un senador o diputado haga una apuesta al bien colectivo (situación que me animaría a decir son las menos vistas) hasta las maniobras más cobardes, como el logro de algún beneficio personal, cambio de favores por puestos, cargos o simplemente actitudes corruptas de cambiar manos por dinero.
Estas “negociaciones” se cuecen siempre a espaldas de la gente; generalmente en contextos extraños como la madrugada, en oficinas solitarias del Congreso, tras los cortinados donde hasta “se negocia” el quorum, en el “salón de los pesos perdidos”; con estrategias de parte de los legisladores provinciales como “poner a parir” a los operadores del gobierno que andan desesperados haciendo reuniones de último momento para lograr las manos, ofreciendo cualquier cosa y cuando ello ocurre, los sistemas extorsivos lucen aceitados y en su climax, ya que es ese momento en el que una mano “modelo Lousteau” vale muchos millones, senadores como el dúo dinámico “Carambia-Gadano” hacen sus diferencias.
Sacando a la senadora Alicia Kirchner, quien obviamente nunca va a votar nada que no sea de origen K, o tal vez el precio no fue suficientemente alto para “apoyar el Presupuesto” (otro eufemismo del argot legislativo que encubre transas y “tome y daca”), los vergonzantes legisladores del SER dieron su consentimiento transformando al gobernador Claudio Vidal en uno de los mandatario que se aliaron con Javier Milei para no trabar la ley de leyes, que en el fondo está bien, pero en la superficie nadie sabe (ni lo sabremos) cuál fue el precio de esa “negociación” y si Carambia y Gadano sacaron ventaja personal y política de ese acto el cual, supuestamente, parte de un hecho reflexivo fundado en la necesidad de “acompañar” la Ley de leyes.
De hecho, se supo la actitud vergonzante de ambos por tirarle abajo el proyecto a Bulrrich, el abandono de Gadano del grupo de Wathsap que nuclea a 44 antiperonistas, la reunión del día martes previo a la sesión, de José María Carambia con Santiago Caputo, la mudez absoluta de los senadores por Santa Cruz que teniendo la palabra se la cedieron a sus colegas o el faltazo de ambos en prácticamente toda la sesión, donde solo bajaron minutos antes de votar; describe la calidad de legisladores que son y han sido en estos años de absoluta incoherencia en sus procedimientos, como cuando les tocó votar por Ficha Limpia, entre otros temas, donde la dualidad de ambos demostró que tras bambalinas, cocinaron actos reñidos con la moral.
Ahora resta escuchar la explicación del Gobernador que, seguramente, se va a parapetar en frases como “tenemos la obligación de acompañar”, “la provincia no va a impedir el Presupuesto, fundamental para la gobernabilidad”, “somos democráticos e institucionales, a pesar de las diferencias que podamos tener”, “nosotros le damos las herramientas que Mieli pide, pero decimos que no cuanto no estamos de acuerdo como la discapacidad, los jubilados o las Universidades…” y cosas por el estilo que son argumentos hechos a la medida de las circunstancias, para encubrir “negociaciones” que se hicieron hasta última hora y vaya a saber a cambio de qué y de quién, porque en general no son para beneficio de la provincia, precisamente.
El mamarracho legislativo santacruceño, generalmente resulta evidente cuando uno compara cómo y de qué manera los diputados y senadores votan los proyectos de Milei y las diferencias abismales que existen entre unos y otros.
Las burdas explicaciones de todos ellos que buscan camuflar sus decisiones contrapuestas tras la figura de “libres pensadores” que votan “a conciencia y por convicción”, genera una falacia aún mayor, pues cualquier allegado a Claudio Vidal sabe que el gobernador no es precisamente alguien que acepte discrepancias o que sus dirigidos voten lo que él no está de acuerdo. (Agencia OPI Santa Cruz)