Un efectivo de poco más de 20 años, recientemente trasladado desde Río Gallegos, intentó quitarse la vida en una zona pantanosa. Sus propios compañeros, incluso algunos de licencia, lo buscaron por horas y lograron desarmarlo tras un tenso diálogo mientras el agua le llegaba a la cintura.
Lo que comenzó como una alerta interna en la Comisaría “Cabo Enrique Grippo” terminó en un operativo de rescate cinematográfico y cargado de emoción. Un joven agente, que se había incorporado a la fuerza local a principios de enero, fue el protagonista de una crisis que mantuvo en vilo a todas las fuerzas de seguridad de la localidad durante la tarde del sábado.
La nota que encendió las alarmas
Cerca de las 19:30 horas, el hallazgo de una nota manuscrita dentro de la dependencia policial activó el protocolo de emergencia. En el escrito, el uniformado —trasladado recientemente desde la capital provincial— manifestaba su intención de terminar con su vida. De inmediato, se movilizó no solo el personal de turno, sino también efectivos que estaban de franco y de licencia, quienes no dudaron en sumarse a la búsqueda de su compañero.
Entre el barro y el frío del lago
El rastrillaje fue meticuloso. Primero hallaron su teléfono celular y, poco después, localizaron al joven en una zona de terrenos pantanosos a orillas del Lago Buenos Aires. La escena era crítica: el policía se encontraba con el agua hasta la cintura, empuñando su arma reglamentaria (una pistola con 14 municiones en el tambor) y en un estado de vulnerabilidad total.
Bajo un estricto perímetro de seguridad apoyado por Gendarmería, Prefectura y Bomberos, se inició una delicada labor de mediación. El joven se negó a hablar con la mayoría, solicitando únicamente la presencia de dos compañeros específicos.
Tres horas de tensión
La negociación duró tres horas. En un entorno hostil y con el riesgo constante de un desenlace fatal, los dos policías elegidos lograron establecer un vínculo de confianza. Con palabras de aliento y profesionalismo, consiguieron que el joven depusiera su actitud. En un descuido táctico y tras lograr que se calmara, pudieron reducirlo y desarmarlo sin que sufriera ni una sola lesión física.
El camino a la recuperación
Tras ser rescatado del fango, el efectivo fue trasladado de urgencia al Hospital Distrital, donde quedó internado para su estabilización. Según informaron fuentes de la institución, el joven ya recibe asistencia psicológica y, en las próximas horas, será trasladado para reencontrarse con su familia, buscando un entorno de contención fuera de la zona donde sufrió la crisis.
Desde la Comisaría Grippo destacaron la importancia de la capacitación en salud mental y manejo de crisis, resaltando que la hermandad policial fue, en esta ocasión, la diferencia entre la tragedia y la esperanza. El caso quedó bajo la órbita del Juzgado de Instrucción de Las Heras, mientras la fuerza analiza los factores de desarraigo y presión que pudieron afectar al joven agente.