García Cuerva para quien en los último cuatro años parece que no hubo hambre, corrupción, manos sucias, narcotráfico y políticos egoístas

La iglesia, como toda institución fuerte, nadie puede dudar que hace política y es un eslabón muy importante en el campo de las decisiones sociales, más aún en un país como la Argentina que tiene en su mayoría una población católica. Ahora bien, que la iglesia sea política no significa que sus pastores hagan política partidaria o militancia política usando los atributos consagrados por las altas autoridades eclesiásticas, para defender un gobierno o un régimen, como ha ocurrido y ocurre actualmente en nuestro país.

Y lo que refleja el Arzobispo de Buenos Aires y ex Obispo de Río Gallegos, Ignacio García Cuerva, es precisamente un uso partidario de la Iglesia para denostar al actual gobierno de corte liberal, cargando todos los males de la actualidad a quien gobierna el país actualmente, que de hecho es el responsable, pero haciendo abstracción del pasado reciente, donde su amigo Sergio Massa con CFK y Alberto, lideró el peor gobierno de la historia desde la democracia y hundió al país es una crisis inédita, mayor aún que la del 2001.

Y el cura kirchnerista, sin disimulo ni un mínimo de dignidad por su investidura, abrió las puertas de la Catedral Metropolitana para ofrecerla de comedor comunitario, a solo metros de la Casa Rosada, como una clara provocación mediante un mensaje político/partidario poco ecuánime y mucho menos justo, porque éste mismo García Cuerva cerró la boca durante los cuatro años de Alberto Fernández, la miseria que nos hizo pasar su amigo Sergio, la corrupción que desplegó en Aysa su amiga Galmarini, los 130 mil muertos de Alberto en Pandemia, el 1.000% de inflación, el 54% de pobres y la desopilante corrupción de los “dirigentes sociales” transformados en los gerentes de la pobreza, mientras embolsaban miles de millones de pesos con los cuales se enriquecieron y pagaron la campaña del tigrense, entre otros.

García Cuerva, a quien en Santa Cruz algunos le rinden pleitesía porque pertenece a la troupe de curas golpistas y antidemocráticos que nacen como hongos en el huerto del peronismo/kirchnerismo ladriprogresista, parece que nació a una realidad desconocida hasta el mes de enero de este año.

Y sin prurito ni vergüenza, Cuerva recreó aquella puesta en escena del hipócrita Juan Carr con su nunca investigada “Red Solidaria” y el inefable Marcelo Tinelli, cuando en el 2019 abrieron el estadio de River para “albergar a personas en situación de calle y recibir frazadas y alimento”, en una clara movida política para hacerle perder las elecciones a un Mauricio Macri subido al pony de un cambio que no era tal y donde las luces de la política le hicieron perder de vista lo esencial: la gente se cansó de tanta gansada autóctona y decidió recurrir a los malos conocidos que se pudieron vender como buenos y caímos aún más bajo.

Ni Juan Carr ni Tinelli, volvieron a abrir el monumental para cuidar a los sin techo. Seguramente porque a partir del 2020 todo volvió a ser mejor, al menos, para el bolsillo del bueno de Juan y el exitoso Marcelo. Para el resto de los pobres e indigentes, nunca más se abrió el monumental; ahora se abrió la Catedral Metropolitana con un cura de memoria selectiva en el púlpito desde donde pontifica y habla de lo mucho que detesta a la corrupción y sus amigos o están condenados o investigados por robarle al Estado. (Agencia OPI Santa Cruz)