Una joven de Los Antiguos parió a su bebe en una casa, decidida a darlo en adopción.

 Lo llevó al hospital, pero ahí filtraron la información a los medios, que la acusaron de haber “abandonado” al recién nacido y usaron fotos de bebés tirados entre pastizales detonando decenas de insultos contra la mujer. El Ministerio de Salud abriría una investigación.

* Por Sara Delgado

Luz tiene un secreto, lleva nueve meses embarazada y sólo una amiga lo sabe. Durante este tiempo logró ocultar la panza de sus padres debajo de ropa holgada y algo cree tener claro, va a darlo en adopción.

Luz es mayor de edad, no tiene hijos ni deseo de ser madre, pero además, su embarazo no fue producto de una relación estable, tampoco pasajera, sino que aparentemente de un abuso. Al menos eso es lo que pudo contar a su gente más cercana.

El viernes, horas antes de parir, Luz había llamado a la agrupación Rosa Rabiosa, que asesora sobre el aborto legal, seguro y gratuito, pero no porque quisiera terminar con el embarazo, sino para que le contaran cómo tenía que hacer para dar al bebé en adopción.

El mismo día, ella tuvo a su hijo en una casa particular de la localidad de Los Antiguos, y luego del parto llevaron el bebé al hospital. Ella entró con un ataque de nervios, desorientada, llena de miedo, diciendo que no era su deseo ser madre, que no podía.

Por razones que ahora el Ministerio de Salud deberá establecer, la noticia se “filtró” a los medios de comunicación. Particularmente uno, Diario Utopía, citó como fuente a la Dirección del Hospital antigüense para construir una historia falsa en torno al caso. Hablaron de un “bebé abandonado”, de la “sorpresa” de los profesionales y hasta publicaron la foto del chiquito.

Otro medio digital tomó la posta, y también, sin ninguna empatía, contó la misma historia de abandono, aunque con un plus repulsivo, la foto de un bebé tirado entre los yuyos. Algo que nunca pasó, pero que a modo ilustrativo sirvió para que comenzara una persecución contra Luz y una catarata de insultos.

En el hospital, Luz quedó internada, y ayer era asistida por psicólogos para “revincularla” con el bebé. Las autoridades llamaron a sus padres, y estos dijeron que podrían hacerse cargo de la criatura. Nada se dijo acerca de la filtración del caso, de cómo llegó a los medios la foto del bebé, de la violación de la intimidad de Luz, de la negativa a su deseo de no ser madre, de la condena social que se ganó en un pueblo chico como Los Antiguos, de que ella no lo abandonó.

La semana pasada, a propósito del caso de una menor de 14 años abusada por cinco varones en un camping de Miramar, el diario Clarín publicó una nota que responsabilizaba a la víctima diciendo que ella no debió “estar ahí” sino con sus padres y hermano. El repudio del movimiento de mujeres fue tan fuerte, que más tarde el diario tuvo que hacer una aclaración, en la que aseguraron que no se quiso decir tal cosa. Luego, los delegados y delegadas del medio sacaron un comunicado exigiendo capacitaciones en el tratamiento de temas de género.

El asunto entonces es, con qué perspectiva escribimos los y las periodistas en las redacciones santacruceñas, porque el caso de Luz no es el único en el que no se pusieron los derechos de las mujeres y de los niños y niñas en la centralidad de la información.

El año pasado, Evelyn parió a su bebé en la Clínica Medisur y comunicó de inmediato que lo daría en adopción. La suya era una decisión tomada, sin embargo desde la clínica filtraron el dato y la foto del bebé, y generaron que un número importante de vecinos comenzara una campaña de donación de pañales y ropita que fueron llevando a la Clínica, en la antesala de un escrache que terminó con nombre real y foto de la mujer.

El juez de Familia abrió una investigación, hizo traer a una posible pareja que ella tuvo y hasta que no se descartó que fuera el padre del bebé, los trámites de adopción no se destrabaron. Afortunadamente también se abrió una investigación sobre la Clínica, de la que se desconocen los resultados.

Apenas unos meses antes, otra mujer también pagó por decidir. Fue una joven cadete de policía que abortó en su casa. Cuando llegó al Hospital Regional de Río Gallegos, los médicos violaron el secreto profesional, lograron que se le pusiera consigna policial y le allanaron la casa mientras la Policía filtraba a los medios que habían encontrado blísters de pastillas en la pesquisa. Su caso nunca se judicializó, sólo sirvió para el escarnio público.

“Vimos que había salido en el diario local y comenzaba a replicarse en otras localidades. Esto de ser un pueblo chico nos preocupa que filtren el nombre de ella y que se la persiga, así que nosotras vamos a dejar un antecedente de denuncia en ese hospital y vamos a denunciar la filtración que hicieron en Salud, además de pedirle a los medios que borren las publicaciones denigrantes que hicieron y que se rectifiquen, porque claramente hay falta de ética profesional y misoginia pura”, le dijo a La Opinión Austral una de las integrantes de la red a la que acudió Luz desesperada momentos antes de parir.

Lo cierto es que según pudo conocer este diario, las autoridades habrían tomado la decisión de abrir un sumario para investigar qué protocolo se siguió para atender el caso de Luz, y mientras esto sucede y se hace evidente que en el país del #NiUnaMenos ya no podemos contar historias sin ojos puestos en los derechos humanos, también está claro, de nuevo, que el aborto legal y la adopción no son el problema, sino que las mujeres decidan.

Foto ilustrativa.
truncado informa.

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