Al menos 66 personas murieron y otras 70 resultaron heridas por la explosión en un ducto de la petrolera estatal mexicana Pemex en el centro del país provocada por una toma clandestina para la extracción de combustible, dijo el gobierno del estado Hidalgo.



Imágenes de televisión mostraron enormes llamas consumiendo la tubería en medio de la noche, mientras se escuchaba gente gritando y pidiendo ayuda, en el municipio de Tlahuelilpan, a pocos kilómetros de la refinería de Tula.
Decenas de personas se apropiaban de carburante de un gran caño de transporte y, mientras lo hacían, estaban empapados con el líquido inflamable. Cuando estalló una llama, todo fue un infierno, con casi un centenar de personas envueltas en llamas, según el relato de testigos y fuentes oficiales.

"Por la presión del ducto, éste empieza a soltar hidrocarburo en grandes proporciones. Las Fuerzas Armadas pidieron que se retiraran del lugar. Sin embargo, no hicieron caso. Después se nos informa de la explosión, que el fuego consumía todo lo que estaba a su alrededor", incluso personas, narró el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad.

Los pobladores se bañaron en combustible -sus ropas, sus zapatos, su piel, sus cabellos estaban bañados de líquido inflamable-, mientras intentaban robar el carburante de un ducto con una gran presión, uno de los transportes más grande.

El flujo de combustible empezó de modo gradual, pero luego por la presión, llegó a un chorro de seis a siete metros, mientras entre 600 y 800 personas se reunían en el lugar. Entonces, cuando sobrevino la explosión los que estaban más cerca ardieron.

"Se buscó evitar que las personas se acercaran al ducto, pero hicieron caso omiso y volvieron, algunos de ellos, un tanto violentos. Y al verse rebasados por la cantidad de gente, (el personal militar, NDR) se vio obligado a retirarse a un costado", detalló el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval.

Según las autoridades, la cifra de víctimas podría aumentar una vez que los servicios de emergencia lleguen al epicentro de la explosión, donde aún había una gran concentración de gases y la temperatura seguía siendo alta, a pesar de que el fuego había sido sofocado.

"No es una tarea fácil", comentó Fayad durante una improvisada conferencia de prensa desde la zona del estallido.

El sitio era custodiado por efectivos del Ejército para evitar que vecinos y acongojados familiares de las víctimas se acercaran al lugar.

El incidente ocurre en medio de una ofensiva del presidente Andrés Manuel López Obrador contra el robo de combustible, que según el gobierno significó pérdidas por unos u$s 3.000 millones para la empresa estatal en 2017.

Otro incendio por una toma clandestina fue reportado por la petrolera en las cercanías del industrial poblado San Juan del Río, en el vecino estado Querétaro, sin que se registraran víctimas ni daños.

Previo a la explosión de Tlahuelilpan, en las redes sociales circularon imágenes de decenas de pobladores intentando llenar cubos y recipientes de plástico con el combustible que salía a presión de una fuga del ducto, reportaron medios locales.

López Obrador arribó en la madrugada al sitio de la tragedia y prometió ayudar a los familiares de las víctimas, pero dijo que fortalecerá su estrategia contra el robo de combustible, actividad que se conoce localmente como "huachicol".

"Esto desgraciadamente demuestra que hay que terminar con esta práctica que llevó a la tragedia", aseguró.

Su acometida contra el robo cuenta con un amplio respaldo de la población, aunque la estrategia de cerrar tuberías para desalentar a los delincuentes provocó interrupciones del suministro de combustible, generando preocupaciones sobre el posible impacto para la economía local.

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