Esta infusión, uno de los máximos símbolos de la cultura cotidiana, tiene su merecido festejo. Cuánto consumen los argentinos y cuáles son sus beneficios para la salud.


El 30 de noviembre se celebra el Día Nacional del Mate en Argentina. La fecha se sancionó en el Congreso de la Nación a través de ley 27.117, el 17 de diciembre de 2014, y se eligió en homenaje al nacimiento de Andrés Guacurarí y Artigas, "a fin de promover el reconocimiento permanente de nuestras costumbres".

El comandante guaraní Andresito Guasurarí (1778-1821) nació un 30 de noviembre, fue gobernador de la provincia de Misiones de 1815 a 1819 y fomentó la producción del mate, y dio gran impulso a la comercialización de la yerba mate. Hoy en día, a partir de su figura se buscar promover el reconocimiento de la infusión más popular del país.

En la Argentina se producen alrededor de 260 millones de toneladas de yerba mate por año. "El 75% de esa cantidad es yerba tradicional, un 20% es de saborizadas; y el 5% restante son productos derivados", precisan desde la empresa CBSé. Y según el Instituto Nacional de la Yerba, en el país se consumen 110 litros de esta infusión anuales por persona.

Los envases de medio kilo mantienen la preferencia de los consumidores. Durante el mes de septiembre de 2019, los paquetes de medio kilo representaron el 53,37% de las salidas de molinos al mercado interno. Con el 40,74% se ubicaron los paquetes de un kilo, con el 1,66% los envases de dos kilos, y con el 0,94% los de cuarto kilo.

En la provincia de Corrientes hay 21 mil hectáreas cultivadas de yerba mate, mientras que en Misiones, principal productora, 144 mil hectáreas.

En lo que refiere a exportaciones, las salidas con destino al mercado externo totalizan 31.235.694 kg para el período enero-septiembre de 2019.


Beneficios para la salud


El consumo tradicional y cotidiano del mate aporta al organismo una gran cantidad de polifenoles -grupo de sustancias químicas encontradas en plantas caracterizadas por la presencia de más de un grupo de ácidos carbólicos o fenol-, vitaminas del complejo B, potasio, magnesio y xantinas. Los polifenoles actúan como un poderoso antioxidante que ayudan a aumentar las defensas y a disminuir el envejecimiento celular, según un estudio llevado a cabo por Luis Brumovsky, ingeniero químico de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM),

En cuanto a las vitaminas del complejo B ayudan al cuerpo a aprovechar mejor la energía de los alimentos ingeridos. El potasio y el magnesio son sustancias indispensables para el correcto funcionamiento del corazón. Las xantinas (cafeína, teobromina) son compuestos que estimulan el sistema nervioso central; es decir, apuntalan al esfuerzo físico e intelectual. Por lo que su consumo, además de ser una costumbre popular y una de las infusiones más ingeridas del país, es beneficioso para la salud.

Según un estudio de la revista British Journal of Nutrition, aumenta la tasa de recuperación después de una rutina exigente de ejercicios en atletas. Dado a que la mateína incentiva el sistema nervioso, su consumo resulta ideal para tomar antes o después de cualquier actividad física o intelectual.

La temperatura ideal para el mate
La temperatura del agua no debe superar los 85° centígrados. Lo ideal es que oscile entre 75 y 85 grados. Si supera esa marca, aumentará su poder de solubilizar y se llevará todo el sabor en el primer mate. Entonces, el resto estarán lavados. Si está muy tibia, el agua no llegará a extraer todo el material.

Los mejores recipientes para tomar mate


Los más precisos para saborear mejor el mate son los de calabaza o de madera. Estos recipientes son porosos y van adquiriendo, con el uso, el sabor de la yerba. En caso de tomarlo tanto amargo como dulce, se recomienda usar un recipiente distinto para cada uno de ellos. El mismo concepto se aplica para yerbas saborizadas y con hierbas. Para tereré, en cambio, se sugiere un vaso de vidrio o matecito de vidrio.


Cómo cebar un mate
Primero se coloca un poco de agua tibia, se deja alrededor de un minuto. La bombilla se inserta luego en un plano opuesto a la pendiente que tiene la yerba y después se agrega el agua sólo en la mitad de la superficie.

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