Esta cama puede ser tuya.
  • 15 de septiembre de 2020


Las muertes por Covid son evitables. No las naturalicemos. La cama está vacía porque alguien perdió la batalla frente al virus.

 Demos nosotros la pelea con más consciencia.
Dicho de esta forma, pensamos en esa escena, pero rápidamente pasamos a otra cosa, porque si de algo sabemos los seres humanos es de estrategias para no pensar en que también nosotros vamos a morir algún día.

La negación.
Pero la muerte por Covid no es parecida a nada de lo que conocemos. La muerte por este virus se da en la más absoluta y aterradora soledad. Sin nadie que nos sostenga la mano, nos dé un beso en la frente.

Podría pensarse que en una habitación de hospital, en el área roja, los médicos y médicas entran y salen con sus diligencias, probablemente visitando a pacientes infectados, llevando mensajes de tranquilidad, pero no es así. Quienes son portadores están solos y salvo una emergencia, nadie entra.
Durante meses, el objetivo de toda la fuerza colectiva fue evitar que el sistema sanitario colapsara como consecuencia de la demanda de atención por coronavirus. Río Gallegos -debe decirse-, no está al borde del colapso, sino que ya colapsó porque, aunque todavía haya forma de atender a quienes padecen la enfermedad, hay un desborde, un relevo de "camas calientes" que hace que el recurso humano del nosocomio no dé abasto, no tenga descanso.

Las imágenes que acompañan esta edición de La Opinión Austral fueron registradas el sábado. "Prohibido, no ingrese, protocolo activado", se lee en el cartel amarillo con letras rojas pegado en una banda de tela que corta un pasillo, para que los trabajadores saquen un cuerpo.
Un cuerpo adentro de una cápsula Covid cerrada, que luego va a una bolsa negra que envuelve el cadáver de una persona que fue un ser querido de alguien, vecino, vecina de la ciudad, que vivió y soñó, que quiso mucho, que hubiese preferido quedarse y pelear.

Ya no está. Se murió. No vuelve más.

El cuerpo pasa embolsado y en el pasillo queda el personal sanitizándose entre sí, mientras que detrás, con apuro, una mujer viene pasando un lampazo al piso.
No hay tiempo para un descanso y en el monitor del respirador que estaba conectado a la víctima, se lee: "Paciente no ventilado" y una letra en alta: "EN ESPERA".

Una hora más tarde, el aparato está de nuevo con luces encendidas, conectado a alguien más.
Hay una idea que circula, no sólo en esta capital de la provincia, sino en todo el mundo, respecto a que las personas jóvenes son inmunes al virus. Y no es cierto.
Aun así, claro está que en la mayoría de las muertes que vemos, hay abuelos y abuelas involucrados. Personas que probablemente cumplían aislamiento, pero que tal vez recibieron alguna visita de alguien que portaba la enfermedad.

Hace poco más de una semana, este diario publicó que los "picos" de casos, es decir, la mayor cantidad de contagios, se informaban entre los jueves y viernes, lo que hizo a las autoridades sanitarias detectar que las reuniones continuaron a pesar de haber retrocedido al aislamiento obligatorio.

Porque si se cuentan cinco días desde el jueves para atrás, que son los días que necesita el virus para manifestar síntomas, está claro que el nuevo infectado había estado compartiendo el fin de semana un espacio común con alguien que tenía Covid.
Pero los "irresponsables" también actúan a cara descubierta. No hizo falta nada más que los primeros días de sol de septiembre para que familias completas salieran a disfrutar de jornadas al aire libre en la costanera, o en la "peatonal" que se había hecho en la avenida Kirchner, justamente, para bajar la circulación.

La pregunta que ronda entonces es ¿cómo generar consciencia? Y si acaso sólo se logrará con más muertes.
La cama de la terapia intensiva que ilustra la tapa de La Opinión Austral es la representación a la que debiéramos aludir cuando creemos que a nosotros no nos va a tocar, que no vamos a enfermarnos y que nadie a quien amamos va a necesitar un respirador.

Es la soledad que inunda esos cuartos lo que debiera estrujarnos el pecho y hacernos evitar salir de casa cuando no es urgente, dejar de visitar a quienes decimos querer.

Porque toda muerte por coronavirus era prevenible. Claro que no se trata de echar culpas ni buscar responsables a esta altura, pero la única y mas efectiva chance de no generar contagios es cumpliendo la cuarentena.

Pero para eso tal vez debamos primero dejar de naturalizar lo que está pasando por estos días. La muerte es un hecho natural, pero perder personas a diario porque no se cumplen las pautas de cuidado individual y colectivo no lo es.

Cuando todo esto pase, lo único que va a quedar será el vacío de los que ya no están y vivir con la idea de que pudimos evitar más daño va a ser un peso difícil de soportar

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