La cuarentena establecida en el país y en la provincia (como en el resto del mundo).

 En sus inicios fue para evitar los contagios, estirar los tiempos de aquella tan vapuleada “curva” a la que todos querían “aplanar”, pero no significó que en ese tiempo las autoridades se acostaran a dormir o se tomaran vacaciones. Es el tiempo que “se daban los Estados” para apurar el acondicionamiento de los medios y recursos para cuando viniera el famoso “pico”, otra de las artimañas dialécticas que usaron desde el Estado para ponernos ciertas fronteras virtuales a las que debíamos llegar o bien debíamos evitar.

Como sea, era un tiempo que se debía ganar a la pandemia. En muchas partes del mundo las muertes fueron prácticamente irrefrenables. Pero luego comenzó a bajar considerablemente el peligro, porque los medios se adaptaron a las condiciones de exigencias públicas y en el espacio-tiempo que estuvieron los primeros 60 días de pandemia-cuarentena, se buscó construir los muros técnicos para combatir el virus como producir más camas, más respiradores, mayores recursos, acumulación de insumos, preparación del doble de gente en el ámbito sanitario, refuerzo de médicos, enfermeros, radiológicos, desarrollo de vacunas, etc.
Por ello desde hace dos meses el primer mundo logró bajar los contagios y volver a la vida, relativamente normal y nosotros, de manera inversamente proporcional, aumentamos todos los males y hoy somos uno de los países con mayor contagio  y muertes diarias en el planeta.

En nuestro país y en la provincia de Santa Cruz, el principio de la pandemia-cuarentena, se inició “con lo que había” y a lo sumo direccionando todo los recursos y los esfuerzos (que no eran muchos antes de la pandemia) al COVID.19, con lo cual se desatendió totalmente a la sociedad en materia de asistencia de salud por enfermedades o traumas normales y corrientes. Es decir, la receta empleada en la provincia fue redireccionar la atención médica, no sumar nueva atención, lo cual en criollo significa “desvestir un santo para vestir a otro”.

Lo que sí hicieron rápidamente desde el gobierno de Alicia Kirchner, fue usar el Decreto de Necesidad y Urgencia en modo “manos libres” e iniciar rápidamente la contratación directa de insumos por valores sobrefacturados, comprados a una sospechosa empresa de amigos, creadas al efecto, tal como OPI lo publicara en su momento. Es decir, respondiendo al slogan del kirchnerismo de que “detrás de cada necesidad hay un negocio”, el gobierno provincial y sus funcionarios siempre dispuestos a buscar el beneficio fácil, no dudaron en producir el armado  “comercial-legal-económico y financiero” para “aprovechar la volada”. Ningún juez ni fiscal, ha leído nada respecto de la corrupción que se inició con la pandemia.

Así llegamos a los casi 200 días de encierro y lejos de haber aprovechado este tiempo para adecuar recursos, planificar y desarrollar políticas públicas, el gobierno de la provincia, siguiendo los lineamientos erráticos del gobierno nacional, del cual es una extensión, llegó al colapso del sistema, porque no hubo ningún tipo de previsión, inversión y mucho menos de desarrollo sanitario eficiente.

Desde el principio, como dijimos en varias notas, la gobernadora alimentó el ocultismo, la mentira de los datos, los partes de prensas que constituían “el IDEC” de la década ganada y así llegamos a lo inevitable: la realidad. 

Pretendiendo que con el relato y la mentira nos iban a poder ocultar la realidad, promovieron entradas masivas de gente sin controles, más de 40 vuelos de los cuales nunca hubo información pública, gente de las mineras que bajaban y se desplegaban a sus domicilios sin control, obreros, funcionarios y transportistas que llegaban, entraban y salían de Represas sin controles, tránsito de personas desde y hacia Chile, circulación de petroleros y personal de minería sin control, a los cuales les truchaban los permisos médicos para entrar en las ciudades del interior etc. Todo esto, fue generando una olla de presión que cuando estalló, hizo al virus comunitario y hoy tenemos 3.307 casos positivos y 30 muertos , siendo Río Gallegos una de las “capitales de la pandemia”.

Nada es casual, todo es causal. El Estado tuvo tiempo para hacer mínimas previsiones y aplicar el criterio. En lugar de ello se dedicó a hacer negocios, la gobernadora a alimentar el relato en discursos paralelos a la realidad que vivimos, los funcionarios del área de Salud a mentir y todo ha desbarrancado.

No hay salud en Santa Cruz, en el hospital de Río Gallegos no hay recursos, no hay ambulancias, se hisopan 100 o más casos por día y el personal está exhausto  y al límite, mal pago y disconforme, además de arriesgar sus vidas. Hemos llegado al colmo de que el Director del Hospital le pida al Superior Tribunal de Justicia, que no atienda Amparos de los particulares que recurren a los juzgados porque en las urgencias no los atienden, excepto que sean fuera del Covid. Peor aún es que la Presidente del STJ Paula Ludueña, haya convalidado tal inhumano pedido. Es la provincia donde las personas han sido abandonadas a su suerte. Huelgan los casos de gente asistiendo al hospital y que es rechazada o directamente no los atienden. La gobernadora no sabe nada de esto.

Nada de lo relatado se puede entender si no es en un marco de desesperación y debacle. Santa Cruz está colapsada, su sistema nunca estuvo preparado, pero tampoco se adaptó en casi 200 días de cuarentena. Y le siguen mintiendo a la sociedad, pero ya es tan inmanejable el proceso de degradación de la salud pública, que ni con el más promiscuo de los relatos pueden disimular la incapacidad que detentan para encarar la crisis, con el agravante de que Alicia y su equipo no tienen a quién echarle la culpa, porque hace 30 años que en Santa Cruz, gobiernan ellos mismos. (Agencia OPI Santa Cruz)

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