Hace cuatro años se gestó el Plan Nacional del Hidrógeno, destinado a incrementar la investigación de las posibilidades que brinda el vector al sector energético.

La iniciativa tiene una importancia vital, a decir del especialista Eduardo Hadad, para contribuir con la estabilidad del sistema eléctrico y reducir pérdidas en el transporte de energía.

La Argentina no puede darse el lujo de dejar de lado la investigación sobre las ventajas que ofrece el hidrógeno en el campo de la energía. Así lo cree Eduardo Hadad, consultor de la Subsecretaría de Energías Renovables, quien recalca que se trata de un negocio muy importante a nivel mundial.

“Cuando iniciamos el Plan Nacional de Hidrogeno, hace cuatro años, marcamos una serie de puntos que no siempre son comunes en los trabajos que se realizan dentro de las áreas de Gobierno. Pusimos en juego valores como la disponibilidad de recursos humanos y la generación de puestos de trabajo reales, y estructuramos nuestro trabajo en tres niveles: redactores, revisores y un Comité”, destacó el directivo durante su presentación en la cumbre “Viento & Energía 2016”.

Según sus palabras, el proyecto incorporó profesionales de distinta procedencia y recibió la ayuda de un gran número de consultores. “El hidrógeno, en verdad, se produce en la Argentina a baja escala desde hace casi un siglo. Pero todavía hay una cantidad importante de esa producción que se usa mal o se desperdicia. Por eso nos pusimos a estudiar, entre otras cosas, cómo podrían aprovecharse esos volúmenes y agregarles valor”, explicó. En ese sentido, comentó que hay sólo dos grandes proyectos en el país: el de Hichico, en Comodoro Rivadavia; y el de Pico Truncado, que en estos momentos está prácticamente paralizado. “Esperamos que el uso del hidrógeno como vector de combustible y conductor energético crezca exponencialmente a partir de las conclusiones de la XXI Conferencia sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, más conocida como la COP 21 de París”, proyectó.

Con respecto al trabajo del Plan Nacional del Hidrógeno, puntualizó que los objetivos son de corto, mediano y largo plazo. “Nuestro presupuesto es de u$s 42 millones”, detalló.

Según el funcionario, es sabido que existe una relación directa entre el consumo de energías contaminantes y enfermedades como el cáncer de mama (que afecta a una de cada ocho argentinas). “Apuntamos, entre otras metas, a combatir esa problemática”, señaló.

Sin ley

Desde el Plan Nacional del Hidrógeno, se confía en que el aprovechamiento del recurso podría dar un salto significativo de la mano de la energía eólica. “No es sencillo, pero con esa energía podría transformarse el gas pobre de los yacimientos del sur y el dióxido de carbono (CO₂) –que es uno de los más nocivos contaminantes– en metano. De todos modos, hay que trabajar mucho al respecto”, admitió Hadad.

Hadad: “El hidrógeno se produce en la Argentina a baja escala desde hace casi un siglo. Pero todavía hay una cantidad importante de esa producción que se usa mal o se desperdicia”

En su opinión, el hidrógeno también puede contribuir con la estabilización de la red eléctrica argentina y reducir las pérdidas en el transporte energético (que hoy rondan un 15%).

“Las centrales termoeléctricas locales desperdician en promedio un 45% de su consumo de energía. Estamos hablando de miles de millones de dólares que podrían recuperarse a partir de la producción de hidrógeno”, resaltó.

Otro campo de acción viable, acotó, pasa por el almacenamiento de las energías renovables. “En efecto, el hidrógeno y sus derivados podrían hacer cada vez más sencillo el almacenamiento y el transporte barato”, detalló.

Para culminar con su presentación, reconoció ignorar por qué aún no se reglamenta la Ley del Hidrógeno (es decir, la Ley 26.123, sancionada en 2006), que –al igual que la Ley de Energías Renovables– fue votada por todas las bancadas. “Esta traba burocrática dificulta mucho las necesarias inversiones en el segmento”, concluyó.

Plan ambicioso

Presentado en 2012 en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), el Plan Nacional del Hidrógeno prevé un plazo de ejecución de 16 años. Es por ello que el final de su implementación está previsto para 2030.

Este programa estipuló nuevas instalaciones para el Centro Nacional del Hidrógeno, que inicialmente se encontraba bajo la órbita de la Secretaría de Energía de la Nación (hoy Ministerio de Energía y Minería). Allí se dispone de un sistema de información centralizado para coordinar los esfuerzos de  las universidades y los institutos tecnológicos (en especial el Instituto Nacional de Tecnología Industrial –INTI–).

El Plan cuenta específicamente con 24 grandes emprendimientos a implementar en distintos períodos. Siete propuestas están contempladas para lo inmediato (como la ya citada ampliación del Centro Nacional de Hidrógeno), ocho para el mediano plazo (incluyendo la posible inyección de hidrógeno en las redes de gasoductos), otras siete para el largo plazo (vinculadas con los vehículos de transporte, colectivos, la formación de recursos humanos y la producción de hidrógeno a partir de la biomasa) y dos transversales que comenzaron en 2014 y finalizarán en 2030 (las cuales tienen que ver con la cooperación internacional entre países limítrofes, por un lado, y el estudio y desarrollo de los aspectos sociales, culturales y ambientales del recurso, por otro). ©

Hadad: “No sé por qué aún no se reglamenta la Ley del Hidrógeno, que –al igual que la Ley de Energías Renovables– fue votada por todas las bancadas. Esta traba burocrática dificulta mucho las necesarias inversiones en el segmento”

Fuente Revista Petroquimica

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