¿POR QUÉ VOTAMOS A MENTIROSOS?

El hombre es el único animal que promete y la promesa es la invención de una nueva realidad para que un nuevo hecho inédito pueda ocurrir. Es un cliché de las campañas políticas que lo asumen como la bisagra necesaria para imponer un candidato, en muchos casos sin nada o muy poco para demostrar empíricamente (De la Rúa, Alberto Fernández, CFK, etc), pero la estrategia es disparar un discurso lleno de “promesas” que son, puntualmente, anticipos de un futuro nuevo y prometedor que (ellos dicen) va a materializarse, si lo eligen.

Y así caemos en la más absurda y flagrante mentira en la que se transforma esa “promesa”, pero que cuando la descubrimos en la práctica, ya es tarde. Lo peor y más absurdo de todo es que repetimos el error una y otra vez, transformando un posible error ocasional de la masa, en un estado patológico de la sociedad que vota siempre a mentirosos y chantas, que hacen del fraude discursivo una herramienta de engaño flagrante y aceptado sumisamente.

El “no hay plata” de Milei, se replica en aquellos gobernadores que tienen un doble standard. Hacia abajo cierran todo tipo de posibilidad de largar un mango, pero hacia arriba hacen lo posible para que Nación no les cierre la canilla.

Milei dijo que mantendrá los planes sociales, más allá de las amenazas de quitarle el manejo a los punteros, pero en el maxi DNU elaborado no figura en ningún lado cómo se actualizarán los salarios y a las jubilaciones les quitó el sistema de actualización por inflación. Nunca dijo que haría esto ni lo implementaría en los primeros días de gobierno.

La duda más que razonable, entonces, es saber cómo va a coordinar el presidente Javier Milei su promesa de no ajustar sobre la sociedad y sí sobre la casta, cuando la hiper que roza la economía nacional incrementa los precios un 30 o 35% mensual, el dólar roza los 1.200 pesos, la recesión golpea la puerta de los comercios y empresas con menos espaldas, crea impuestos cuando dijo que los iba a quitar y no le quita privilegios a la casta que dijo, iba a castigar.

Los ajustes económicos siempre, indefectiblemente, los pagan los estados medios y bajos de la sociedad. La pregunta, entonces, es ¿Por qué nos mintió descaradamente y gran parte de la gente le creyó?, precisamente por aquello de plantear un nuevo paradigma a una sociedad desesperada, basada en las promesas de darnos un futuro prometedor, si lo votaban, más o menos parecido al que planteaba Sergio Massa, solo que en este caso el margen de credibilidad era menor, porque había sido quien nos hundió en el barro y la gente escapó de sus “promesas”, por cuanto el peor enemigo de ellas, fue la fatal realidad políticas y económicas del país, que sepultó sus aspiraciones presidenciales.

La pregunta retórica que nos debemos hacer, como sociedad, es ¿Por qué votamos a los mentirosos? y la respuesta en simple: o somos un ato de boludos que nos manejan con el discurso lábil y falaz, o no nos interesa nuestro destino como nación, como república y nos esforzamos por simular democracia, creyendo que el acto de votar es tan sublime que lo sellado allí, no se puede remover ni cambiar, aún cuando haga exactamente lo mismo o peor de lo que creímos superar con el nuevo mentiroso de turno.

Partiendo de esta base podemos replantear una vieja definición sobre política y decir que “la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”. Lamentablemente los medios de comunicación son cómplices encubiertos de estos mentirosos patológicos que llegan a través del engaño de las masas, facilitados por la pauta y hoy fuertemente ayudados por las redes sociales, donde la principal fake news, son las promesas de campaña.

Solo cuando (algún día) la clase política acepte someterse a la ficha limpia, al control público de su función, tome el/los cargos sin beneficio de inventario y se juzgue la falta de ética y moral como un delito y los fueros no les sirvan para blindarse ante la justicia por la corrupción en esa función pública que ejerció, recién ahí la Argentina comenzará a ser un país viable y con futuro.

Esta clase política actual, los dinosaurios que la componen y los que dicen ser la renovación y son copia fiel de aquellos, son tan falsos como sus promesas de campaña y solo basta verlos ejercer un par de meses, para darse cuenta lo lejos que estamos de construir una Nación en base a valores, esfuerzo, empatía y capacidad para conducir los destinos de un municipio, una provincia o el país. (Agencia OPI Santa Cruz)