AL QUE LE QUEPA EL SAYO… El nuevo aumento automático por paritaria legislativa llevará la dieta de los senadores a $13.115.760 brutos. La pregunta política es por qué los legisladores tienen un mecanismo que protege sus ingresos mientras los trabajadores pierden poder adquisitivo.
Los senadores cobrarán $13,1 millones: la distancia con un salario mínimo es de 34 veces
Los senadores nacionales cobrarán en diciembre de 2026 una dieta bruta de $13.115.760, tras la aplicación de un nuevo aumento automático del 6,98% que se suma a la actualización de los módulos salariales del Congreso.
El mecanismo es simple y polémico: desde 2024, los senadores decidieron vincular sus ingresos a los módulos salariales del Congreso. La dieta se calcula sobre 4.000 módulos (2.500 por dieta, 1.000 por gastos de representación y 500 por desarraigo), por lo que cada paritaria de los trabajadores legislativos repercute automáticamente sobre sus remuneraciones.
Los tres senadores santacruceños
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Los representantes de Santa Cruz en el Senado son:
José María Carambia (Alianza por Santa Cruz)
Natalia Gadano (Alianza por Santa Cruz)
Alicia Kirchner (Partido Justicialista)
Alicia Kirchner no cobra la dieta como senadora, porque al asumir optó por mantener el beneficio previsional correspondiente a su jubilación como exgobernadora de Santa Cruz.
La distancia con los trabajadores
La dieta de un senador equivale a 34,8 salarios mínimos, que en agosto de 2026 quedó en $376.600 .
El problema político de fondo
No es simplemente que un senador gane mucho. El problema democrático aparece cuando la clase política que decide sobre salarios, jubilaciones, presupuesto, empleo público y condiciones laborales dispone de un mecanismo de actualización propio que le permite preservar sus ingresos de una manera muy distinta a la de buena parte de la población.
Mientras un trabajador debe pelear una paritaria, absorber pérdida de poder adquisitivo y aceptar sumas no remunerativas, el senador tiene un mecanismo institucional mediante el cual una negociación salarial del personal del Congreso repercute automáticamente sobre su propia remuneración.
¿Por qué los representantes que legislan sobre los ingresos de millones de trabajadores tienen un mecanismo institucional de actualización de sus propias remuneraciones que los coloca a una distancia tan extraordinaria de los salarios que percibe buena parte de la población que representan?