Sin Ley de Lemas Santa Cruz discute cómo votará en 2027: colectoras, ballotage, boleta única y Ficha Limpia.
Colectoras, segunda vuelta y boleta única: qué cambia para votar en Santa Cruz
En Santa Cruz, la pelea por la gobernación empezó antes que el reglamento. Hay seis aspirantes en carrera, tres espacios que se miden entre sí y una pregunta que nadie puede responder todavía: con qué reglas se va a votar.
Según pudo saber este medio, la respuesta será un Código Electoral completo, no un parche. Traerá listas colectoras, con un tope cercano a cuatro por candidato, y una segunda vuelta para elegir gobernador. El único acuerdo firme entre los bloques es Ficha Limpia. Todo lo demás se negocia.
Y se negocia lento. El 7 de octubre, la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados ni siquiera pudo reunirse: no hubo quórum. No hay fecha nueva ni cronograma electoral oficial.
La demora no es un detalle técnico. En política, quien escribe las reglas suele llevar ventaja, y cada artículo de este código puede inclinar la cancha hacia un lado u otro.
Código o ley: por qué la diferencia importa
Parece una discusión de abogados, pero define el alcance de la reforma.
Una ley electoral resuelve un punto concreto. La Ley de Lemas (2052) rigió desde 1988 y establecía cómo se sumaban los votos. La Ley 3858 la derogó en junio de 2024, y la Ley Transitoria 3929 tapó el hueco hasta fines de 2025. Desde entonces, la provincia no tiene ni una cosa ni la otra.
Un código electoral juega en otra escala: ordena todo el proceso en un solo cuerpo. Padrón, autoridades, partidos y alianzas, listas, campaña, boleta, escrutinio y sanciones. Si la ley es un parche, el código es el manual completo.
Pero por encima de los dos hay otro texto: la Constitución provincial. Su artículo 114 establece que el gobernador y el vice se eligen “a simple pluralidad de sufragios”. Traducido: gana el que saca más votos, aunque sea por uno, sin ningún piso.
Ahí aparece el nudo. El ballotage necesita un umbral, y la Constitución no lo tiene. Un sector de la Legislatura sostiene que, para incorporarlo, hay que reformarla. Otro cree que alcanza con el código. La diferencia no es menor: una reforma constitucional tiene su propio procedimiento y sus propios tiempos, y si se aprueba el ballotage sin ella, no sería extraño que alguien lo lleve a la Justicia. El reloj hacia 2027 ya corre.
Colectoras: muchas puertas para un mismo candidato
Imaginemos la boleta de 2027. Un candidato a gobernador encabeza su lista. A su lado aparecen otras tres, de partidos distintos y con sus propios diputados, pero las cuatro llevan el mismo nombre arriba. Quien vote cualquiera de ellas suma para ese gobernador. Eso es una lista colectora, y el nuevo código permitiría hasta unas cuatro por candidato.
La lógica es sencilla. El candidato principal junta votos de varios sellos sin tener que firmar una alianza. Los partidos chicos, a cambio, se aprovechan de su arrastre para meter legisladores o concejales.
El ejemplo de manual es la provincia de Buenos Aires en 2011. Daniel Scioli (Frente para la Victoria) y Martín Sabbatella (Nuevo Encuentro) se enfrentaban por la gobernación, pero los dos llevaban a Cristina Fernández de Kirchner como candidata a presidenta. Ese año, un decreto reglamentó las colectoras. En 2019, otro decreto, firmado por Mauricio Macri, las prohibió a nivel nacional. Ahora el Gobierno de Javier Milei estudia volver a habilitarlas.
Sus defensores dicen que sirven para sumar sin fusionar. Sus críticos ven otra cosa. El diputado nacional Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica) las llamó “una ley de lemas encubierta”. En Santa Cruz, la frase incomoda: la provincia acaba de enterrar ese sistema. Hay una diferencia (con lemas competían varios candidatos por el mismo cargo; con colectoras, el candidato principal es uno solo), pero el efecto se parece: una candidatura que crece sumando sellos y una oferta electoral más difícil de leer.
¿A quién le conviene? A los espacios con un candidato fuerte y poca estructura partidaria propia, que pueden ampliar su base sin repartir lugares dentro de un frente. Pierden peso, en cambio, las alianzas formales, con programa y listas compartidas.
Segunda vuelta: la letra chica que puede definir una elección
Hoy, en Santa Cruz, alcanza con ganar. Con el nuevo código, puede no alcanzar.
La fórmula en debate copia el modelo nacional: gana en primera vuelta quien supere el 45 % de los votos, o quien llegue al 40 % con más de 10 puntos de ventaja sobre el segundo. Si nadie lo consigue, los dos más votados vuelven a las urnas.
Hasta ahí, la regla es conocida. El problema está en una pregunta que parece menor: 45 % de qué votos.
· Votos emitidos: todos los que entraron en la urna, incluidos los nulos y los en blanco.
· Votos válidos: los emitidos menos los nulos. En el Código Electoral Nacional, el voto en blanco cuenta como válido.
· Votos afirmativos (o positivos): solo los que eligieron a un candidato. Quedan afuera blancos y nulos.
En el país no hay una sola respuesta:
· Constitución Nacional (arts. 97 y 98): calcula sobre los “votos afirmativos válidamente emitidos”. Blancos y nulos no cuentan. Con esa regla hubo ballotage en 2015 (Scioli 37,1 %, Macri 34,2 %) y en 2023 (Massa 36,8 %, Milei 30,0 %).
· Ciudad de Buenos Aires: exige más del 50 % de los votos afirmativos, sin blancos ni nulos. En 2015, Horacio Rodríguez Larreta sacó más de 20 puntos de ventaja y aun así fue a segunda vuelta, porque no llegó a la mitad.
· Provincia de Buenos Aires: la Ley 14.086 usa los “votos positivos válidamente emitidos”. En las PASO de 2019, el escrutinio provisorio incluyó por error los votos en blanco en el cálculo, y el resultado tuvo que aclararse.
· Corrientes y Chaco aplican el mismo esquema que la Nación. Tierra del Fuego exige mayoría absoluta y hace la segunda vuelta dentro de los 15 días.
La lectura política es directa. Con tres fuerzas tan parejas como las de 2025, superar el 45 % parece difícil para cualquiera. El ballotage obliga a pensar la campaña en dos tiempos: primero, colarse entre los dos primeros; después, seducir a los votantes del que quedó afuera. Y en una elección ajustada, contar o no el voto en blanco puede ser la diferencia entre festejar esa noche o volver a competir semanas después.
Una hoja o varias: la boleta también juega
Todos los bloques quieren dejar atrás la boleta partidaria. La pregunta es cómo será la que la reemplace, y no es una cuestión de diseño gráfico.
Boleta única completa. Es una sola hoja con todas las categorías: gobernador, diputados, intendente y concejales. El elector marca una opción por columna. Algunos proyectos suman un casillero de “lista completa”, que con una sola cruz vota a todos los candidatos de un partido. Es el formato que los santacruceños conocieron en las legislativas nacionales de 2025, cuando solo se elegían diputados.
Boleta única por categoría. Es una hoja distinta para cada cargo. Santa Fe la usa desde 2011, y es el modelo que impulsa Pedro Muñoz (Coalición Cívica ARI), sin casillero de lista completa.

La decisión se cruza con las colectoras. Con hasta cuatro listas por candidato, una boleta completa puede convertirse en una sábana difícil de recorrer. Por categoría, cada cargo queda más claro, pero la adhesión entre listas se vuelve menos visible.
Detrás del debate técnico hay un cálculo. El casillero de lista completa favorece a quien tiene un candidato con arrastre. La boleta por categoría premia a quien confía en que el elector corte boleta.
Ficha Limpia: el único consenso
Si hay algo en lo que coinciden todos los bloques, es Ficha Limpia. La herramienta impide ser candidato a quien tenga una condena por corrupción confirmada en segunda instancia, aunque la sentencia no esté firme. Pedro Muñoz presentó un proyecto propio, y los senadores José María Carambia y Natalia Gadano respaldaron la idea.
Pero el consenso en el discurso no garantiza los votos. En mayo de 2025, el Senado de la Nación rechazó Ficha Limpia por un solo voto. En Santa Cruz, la discusión real será la letra fina: qué delitos incluye, desde qué instancia judicial rige y si alcanza también a intendentes y concejales.
La campaña de los videos que nadie grabó
En 2027, cualquier equipo de campaña, por chico que sea, tendrá a mano herramientas de inteligencia artificial generativa. Con ellas se escriben textos, se diseñan piezas y se fabrican audios y videos en minutos y a bajo costo.
Hay usos legítimos:
· Redactar y adaptar mensajes para cada localidad o grupo de votantes.
· Producir piezas gráficas y videos sin grandes presupuestos.
· Analizar encuestas y conversaciones en redes.
· Responder consultas de vecinos con asistentes automáticos.
El problema empieza cuando la herramienta se usa para engañar. Los deepfakes son videos o audios falsos que imitan la cara y la voz de una persona real. Argentina ya los vio en acción:
· Mayo de 2025, elecciones porteñas: circuló un video falso en el que Mauricio Macri bajaba la candidatura de Silvia Lospennato y llamaba a votar a Manuel Adorni. Superó los 14 millones de reproducciones.
· Octubre de 2025, legislativas nacionales: aparecieron videos falsos de Jorge Taiana anunciando que se bajaba y de Macri pidiendo votar a Provincias Unidas. La Fiscalía Nacional Electoral recibió más de 360 denuncias.
La regulación corre de atrás. En julio de 2025, la Cámara Nacional Electoral estableció que difundir videos falsos en campaña puede constituir un delito electoral. En el Congreso hay proyectos para exigir que el contenido manipulado se etiquete o se retire en 48 horas, pero ninguno es ley.
En distritos chicos, donde un audio puede recorrer una ciudad en una tarde, el riesgo no es abstracto. Queda una pregunta para la Legislatura: si el nuevo código pondrá reglas al uso de IA en la campaña y quién las hará cumplir.
Polarizar o quedar afuera
El tablero se ordena alrededor de una misma estrategia: cada espacio busca enfrentarse a uno de los otros dos y dejar al tercero mirando desde afuera. Vidal quiere una pelea contra el kirchnerismo. El peronismo necesita no dividirse y retener su piso histórico. La Libertad Avanza intenta presentarse como la única alternativa capaz de desplazar a ambos.
Las nuevas reglas cambian esa cuenta. Las colectoras permiten sumar sin cerrar alianzas. La segunda vuelta convierte el tercer puesto en una derrota y al que queda afuera en el gran elector del ballotage. Y una sola palabra del código, la que define sobre qué votos se calcula el porcentaje, puede decidir si esa segunda vuelta llega a hacerse.
Quizás por eso el código avanza tan lento: nadie quiere firmar una regla que lo deje afuera. Sin texto sancionado, sin calendario y sin candidaturas oficializadas, la carrera ya empezó. Lo que todavía no se sabe es en qué cancha se va a jugar.