Bajo el argumento de que tales servicios son necesarios para desarrollar su actividad legislativa, los senadores gastaron grandes sumas en garantizarse un buen servicio básico.
La cámara alta que presidente Victoria Villarruel viene siendo foco de tensiones desde que inició el año por sus desproporcionados aumentos que, desde junio, les otorgó un salario bruto de 9,5 millones a cada senador. Los altruistas ven con desdén tal incremento, sobre todo al compararlo con el sueldo promedio de un trabajador que ronda los 600 mil a 850 mil pesos. Además, estos últimos, trabajan jornadas diarias de al menos ocho horas, algunos incluyen fines de semana o deben tener dos trabajos para llegar a fin de mes; mientras que los senadores sesionaron poco más de diez veces todo el 2024.
Percibiendo tales sumas, mínimo, se consideraría que los senadores pueden darse el gusto de contratar sus propios servicios y costearlos de sus bolsillos, pero las licitaciones del Senado de la Nación Argentina exponen lo contrario. El febrero pasado, la dirección de Compras avanzó con la contratación de “servicio de telefonía” y “plan de datos ilimitado 4C de 20GB” por un total de 48.187.795,20 pesos.
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