Los argumentos banales de los corruptos

Hoy voy a analizar la acción-reacción del gobierno nacional en su conjunto y de cada uno de los involucrados en los actos de corrupción aparecidos recientemente en el país que involucra al presidente Javier Milei, su hermana Karina y el Jefe de Gabinete y vocero Manuel Adorni, sobre el cual vamos a puntualizar el objeto de análisis, aunque sobre el caso $LIBRA, en las últimas horas las pruebas desbordan, pero hace un par de días hicimos mención del mismo y hoy nos vamos a focalizar en Adorni; sin embargo, es notable cómo en ambos casos, se repite la metodología de encubrimiento institucional y argumentos falaces.

El contexto que atraviesa a todos estos actores y sus acciones en el gobierno nacional, es un caso de manual sobre cómo el poder intenta construir un relato para tapar una crisis de transparencia desde la propia gestión política. Por este motivo, he decidido analizar los argumentos que sostienen ante las crisis, lo cual permite desarmar la matriz de comunicación del gobierno, que antepone la táctica de la victimización al deber de rendir cuentas. Si nos remitimos a gobiernos anteriores, el modelo se replica como calcado.

El escándalo del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que comenzó con el vuelo a Nueva York en el avión presidencial ARG-01 junto a su esposa y escaló rápidamente con la filtración de su viaje VIP a Punta del Este en Carnaval y en las últimas horas el patrimonio familiar dudoso que tiene, expuso un abanico de excusas banales que rozan lo ridículo.

Estos argumentos, bajo la lupa de la dicotomía verdad-mentira y las estrategias de desvío de atención son realmente llamativos y nos permite ver ante quiénes estamos; ninguno de ellos admite las responsabilidades y menos las culpa.

Con “cara de Adorni”

Cuando estalló el primer escándalo (el vuelo a EE.UU.), Manuel Adorni intentó justificar la presencia de su esposa en el viaje diciendo que la llevó porque él iba a “deslomarse” trabajando. Al ver que la indignación crecía, lanzó su primera gran coartada: “Mi mujer fue una invitada del Presidente”.

Se filtró un video y los registros de vuelo que mostraban a Adorni, su familia y el conductor de la TV Pública, Marcelo Grandio, viajando a Punta del Este en un lujoso avión privado (Honda Jet, estimado en US$ 10.000 el costo del viaje), regresando por un hangar privado en San Fernando para evitar los controles migratorios públicos.

La justificación de Adorni y Grandio fue desincronizada y endeble; afirmaron que fue una invitación privada, que Adorni “pagó su parte con su plata” y que le dio el dinero a Grandio para que éste pagara a la empresa. No hay factura.

Ante el impacto en la imagen “anticasta” del Gobierno, Karina Milei bajó una orden directa al gabinete: defensa pública, férrea y obligatoria. Calificó las críticas como “basura mediática”, forzando a ministros (como Sandra Pettovello) a publicar mensajes en redes del estilo “Siempre juntos”.

Acorralado por las inconsistencias entre el costo del vuelo privado y su declaración jurada de bienes, Adorni viró el discurso hacia la victimización. Calificó el hecho como una “operación orquestada” por la “mugre y mafia de una vieja política”, quejándose de que tenían el video “guardado hace un mes” para arruinar la Argentina Week en Nueva York.

Ayer le descubrieron a Adorni una importante casa edificada en uno de los country más importantes de Buenos Aires, donde solo el terreno se cotiza entre 1 millón y 1,4 millones de dólares.

Miente, miente que algo quedará

Situando estas declaraciones en el marco del rigor periodístico y el análisis político, observo que las intenciones del oficialismo quedan expuestas claramente en situaciones puntuales que destruyen el reduccionismo que pretenden hacer tomando a la gente por estúpida.

Negar lo evidente y disculparse por la forma, no por el fondo constituye el caso más burdo de esta estrategia. El pedido de disculpas de Adorni es un acto infantilizado de alguien que no puede ser funcionario, no ya solo por lo corrupto que es, sino por la forma irresponsable de actuar ante las consecuencias.

El funcionario evitó admitir como un error ético o legal el uso de bienes del Estado (el avión presidencial para su esposa) o el usufructo de un lujo privado de origen financiero dudoso, en cambio, se disculpó solo por haber usado la palabra “deslomarse”. Es una reducción al absurdo del tema central, porque trata el repudio público como un problema semántico o de “palabras no adecuadas” y no como un presunto caso de malversación de fondos o enriquecimiento ilícito.

Tanto Milei, Karina como el propio Adorni buscaron desplazar el foco de la discusión de qué hizo el funcionario a quién filtró el video. Al denunciar una “operación” y apuntar sutilmente contra las internas del propio gobierno (la SIDE o el sector del asesor Santiago Caputo), ambos intentaron convertir al victimario en víctima de una emboscada política. Hablar de conspiraciones es la forma más antigua de vadirse para no hablar de los 10.000 dólares del vuelo privado, los gastos desmesurados de tarjetas de créditos y ahora de la aparición de una vivienda en un country de lujo que no le permite “cerrar el blanco”.

Sin embargo, aún ante el hecho de que alguien haya “guardado” el video del viaje a Uruguay y publicado el mismo un mes después, no invalida la veracidad del documento que es real y concreta. El hecho existió, por lo tanto la verdadera discusión no debe ser la forma, sino el fondo.

La jugada de Adorni al declarar que “la invitó el Presidente” (para justificar la presencia de su esposa en el avión presidencial) no fue un acto de sinceridad, sino un escudo humano. Al involucrar a Javier Milei como el autor intelectual de la invitación, Adorni le mandó un mensaje al ecosistema libertario: si me atacan a mí, atacan al Presidente. Esto obligó a Karina Milei a blindarlo, no por lealtad a Adorni, sino porque dejarlo caer implicaba admitir que el Presidente había avalado un acto de privilegio propio de “la casta“. En todo caso, fue un servicio recíproco, porque en el caso $LIBRA, donde (hasta ahora) Adorni no aparece directamente involucrado, el Jefe de Gabinete desestimó la incriminación que sufrieron tanto el presidente como su hermana en un tema que amenaza seriamente al gobierno nacional e impacta de lleno en la imagen y confianza pública.

¿Qué podemos concluir?

De todo esto entiendo que el relato oficial no busca establecer la verdad material (quién pagó realmente el vuelo a Uruguay o por qué se usó un hangar privado a escondidas), sino imponer una posverdad donde el Gobierno es víctima de “fuerzas oscuras”, intentando sepultar el hecho bajo una alfombra de ruido mediático y lealtad partidaria. Ha sido tan alto el ruido mediático que se armó que sepultó el interés público por el viaje de Milei a Nueva York.

Todo falso, todo forzado. Hay un dicho que reza “Si no puedes pagar la condena, no cometas el crimen” y yo le agregaría: si lo cometiste, hazte cargo como un hombre y no llores por tus propias miserias, por miedo a perder tus privilegios o de ir preso por haber decidido abusar del poder y hacer exactamente lo mismo que críticas.

No hay duda que el caso de la criptomoneda para el gobierno pesa mucho más que el dislate del avión que Adorni quien lo podría haber arreglado reconociendo el error, disculpándose y que todo no superara el nivel al cual escaló, que pone en duda su continuidad en el cargo y a raíz de ello genera divisiones internas irreconciliables.

Negarlo por parte de Adorni, reafirmar esa negativa, defenderse atacando y sacar los enanitos verdes del bolsillo para hacerse el perseguido, no hizo más que profundizar la crisis de credibilidad del gobierno que sumado al caso $LIBRA el cual escala a niveles inimaginables cada hora que pasa, le aseguró una caída estrepitosa en la imagen pública al gobierno en general y hoy pone en duda el apoyo popular con el cual contaba y su performance electoral para el futuro. (Agencia OPI Santa Cruz)