Tal como lo indica el Decreto 941 del último día del año pasado (el 31/12/2025), el gobierno nacional implementó de facto la modificación de la Ley de Inteligencia Nacional N° 25.520 que rige a la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado).
Más allá de lo extenso del texto de la nueva norma y las reducciones que hacen algunos medios como Infobae, donde se respira IA y faltan explicaciones, conocimiento de lo que se habla y críticas al procedimiento y la iniciativa implementada por Javier Milei, está claro algo que no advierten ni dicen los medios que repiten como loritos la letra fría del documento, reducida por el nuevo amo de cerebro humano (Inteligencia Artificial) y deja afuera el análisis de las conveniencia o no de los cambios y fundamentalmente el por porqué de los mismos. A esto, obviamente, se suma el “periodismo ensobrado” que por radios, diarios y canales de TV traccionan como un héroe en trinchera, para contagiar el ánimo reformista de Milei al resto de la sociedad y mostrar que acá se terminó la joda… pero todo hace pensar que la joda sigue.
En términos generales y de lo que se puede leer del Decreto en cuestión, es la SIDE que vuelve a los tiempos del menemismo, hasta en su denominación original y tal vez la más apropiada, por cuanto se trata de un organismo de Inteligencia estatal central, no una “agencia” como la redujo en rango el kirchnerismo, con la clara intención de sacarle crédito y responsabilidad institucional, pero manteniendo los fondos reservados a mano.
El proyecto actual implementado, con radicales cambios en funciones y misiones debido al paso del tiempo, los avances tecnológicos, el cambio comunicacional global, los cambios geopolíticos y el advenimiento del universo digital y la velocidad de comunicación interpersonal, es básicamente el de los años´90. Milei vuelve a refundar el modelo de Carlos Menem en su concepto básico, con adaptación a los nuevos tiempos que corren.
Cabeza de la Icia nacional
Sería muy extenso y engorroso explicar acá todos y cada uno de ellos, pero baste decir que el gobierno vuelve al formato original de la estructura de Inteligencia que se inició a partir del año 1983, con el advenimiento de la democracia y se perfeccionó a partir de los años´90, en un tiempo donde el organismo se depuró de la vieja impronta militarista que le impusieron las dictaduras y sobrevino la profesionalización, estableciendo vínculos con los mejores servicios de Inteligencia del mundo occidental como el Mossad (Israel), el MI5 británico, el BfV (Bundesamt für Verfassungsschutz) Alemán o la Dirección General de la Seguridad Exterior (DGSE) francés, entre otros.
Pero lo más importante que debemos rescatar de todo lo que dice el Decreto presidencial y que reinstala en el organismo su esencia profesional, es que se vuelve al concepto de “Comunidad de Inteligencia”, es decir que la SIDE, como brazo directo del Presidente, vuelve a ser el líder en materia de manejo de la información, análisis y determinación de las estrategias, a la cual todos las demás organizaciones policiales, militares o de Seguridad Nacional, que poseen sus departamentos de Icia, remiten información recopilada, cruzan datos, comparten archivos especialmente sobre Seguridad Nacional con el organismo del gobierno. Todo esto fue desvirtuado, cambiado y anulado desde el año 2000 en adelante y desmantelado totalmente con el advenimiento del kirchnerismo en el año 2003.
Entonces, hay dos hechos fundamentales que sí es importante resaltar: el cambio de paradigma de la Inteligencia como tal, devolviéndole a la SIDE el carácter rector, aglutinador y concentrador de la información total que produce la Inteligencia global del país en sus subsistemas como los Ministerios de Interior y de Seguridad Nacional, la Policía Federal y los organismos de Inteligencias de las Fuerzas de Seguridad (Prefectura, Gendarmería Nacional) y aquella información no militar, que produzcan y sirva de enlace y colaboración con las Fuerzas Armadas (Ejército-Marina-FFAA), especialmente en materia de soberanía, territorio y análisis de crisis o hipótesis de conflicto que pudieran generarse, conjunto que se da en llamar “Comunidad de Inteligencia”.
Este protocolo funcionalmente, permite que la información que le llega al presidente, esté a tiempo en su escritorio condensada en un solo reporte sintetizado, con una evaluación general y profesional determinada; esto le permite tomar decisiones al máximo líder político del país, a través de sus Ministros, Secretarios y altos funcionarios del interior y exterior del país.
Este es el resumen de la cuestión que se expresa en este Decreto, de ahí a que el gobierno y sus funcionarios la cumplan hay un trecho muy largo que transitar.
Un responsable único
El segundo hecho importante es que se le reasigna a la SIDE la tarea de informar al presidente de manera única y directa y de esta manera se constituye en el organismo responsable final de la información que le permite a Milei tomar decisiones.
El universo atomizado que impuso el kirchnerismo, no solo no era funcional a la confusión sino que permitía el manejo discrecional de información estratégica, el ocultamiento o la filtración de información sensible y/o la protección de alguien o de algún evento (caso Nisman), privatizaba la Inteligencia en mano de César Milani que tenía su agencia propia, o bien la laxitud profesional facilitaba el narcotráfico, el lavado de dinero o el tráfico y contrabando en todas sus formas, negocios todos vinculados al grupo de poder que gestionaba el país por esos años.
Lo más desacertado de la reformulación que he podido leer del nuevo esquema reservado para la SIDE, es la función de policía que le asigna Milei, dándole potestad a sus agentes para detener personas.
Esto es una desnaturalización lisa y llana de las funciones de un Agente de Inteligencia. Es un absurdo total, porque si algo se debe cuidar en un organismo de Icia del Estado, es el anonimato y bajo perfil de todos sus componentes. De ello, precisamente, va a depender el éxito o el fracaso de sus acciones. No es una función inherente a la Inteligencia estatal, andar deteniendo personas, sino por el contrario, es reunir información, analizarla, elevarla y salir de allí discretamente y sin estridencias dejándole el lugar para quienes están preparados para hacerlo.
Todos juegan, nadie controla
Otra cosa que no he leído en el Decreto de Javier Milei: cuáles son los controles que va a tener y/o profundizar la SIDE.
La Comisión Bicameral que funciona hace años para tal fin nunca, jamás actuó sobre la transparencia, las competencias y el manejo de fondos reservados. No se conocen dictámenes, ni advertencias, ni correcciones, ni críticas desde diputados y senadores, sobre todo lo que ocurre con los fondos reservados, los gastos secretos y las acciones políticos-partidarias en la que incurre el organismo o si, en efecto, es tan limpio y transparente que no existen motivos para cuestionarle nada. Sin embargo, no hay gobierno nacional que tenga las manos limpias para decir que ha respetado a rajatabla las misiones y funciones del organismo de Inteligencia estatal, sin importar cómo se llamara.
A la SIDE cada candidato en campaña, prometió borrarla del mapa, cerrarla, desmantelarla y anularla. Lo hicieron todos y cada uno de los políticos de turno desde finales de los 90 para acá. Sin embrago, cuando llegaron y vieron la caja, los fondos reservados, el uso de operaciones encubiertas, la posibilidad de escuchar y seguir al oponente político, de conocer de antemano los movimientos financieros, partidarios, financiar campañas con plata que no debían rendir y usar ese nicho de oportunidad como un ideal para la corrupción estatal disimulada, desistieron de cerrar la vaca lechera.
Ningún presidente desde el temible De La Rúa para acá cumplió con esa promesa; por el contrario, como hizo Néstor y Cristina y los sucesivos presidentes, han usado y usan aún hoy su estructura, como un servicio personal de fondos y poder político. De hecho quienes la presiden hoy son notables desconocidos, sin ninguna preparación profesional, como no lo tuvieron desde De Santibañez para acá, pasando por Sergio Acevedo, Icazuriaga y Larcher, el fatídico “pelotudo” Parrilli, el procesado Arribas en épocas de Macri y los innombrables de Alberto que solo accedieron para robar.
La SIDE es antipática por el carácter secreto que posee, pero su mala fama parte de los propios que la usaron y la usan para enriquecerse y licuar sus delitos. Cualquier país medianamente democrático y organizado tiene una central de información estatal fuerte y profesionalizada y no la pone en manos de amigo, operadores y lúmpenes, como ocurre en nuestro país.
Un organismo de estas características es crucial en materia de información presidencial para tomar decisiones claves, pero fue transformada en una herramienta de presión, persecución, extorsión y caja de fondos públicos por los mismos que desde afuera criticaban y critican su existencia y no han hecho nada para controlar el dislate oficial, el aquelarre de corrupción, manipulación y destrucción del aparato esencial de Inteligencia estatal, porque en el fondo a todos y cada uno de ellos, incluyendo al actual presidente, lo que menos les importa es la seguridad nacional. (Agencia OPI Santa Cruz)