Un grupo musical de El Chaltén acusa a las autoridades de El Calafate de impedirles actuar y obligarlos a sumarse al festival “gratuito” que se hace en la villa turística

Bajo el título de “Otro ataque a la cultura santacruceña”, los integrantes del Grupo Musical de El Chaltén “Siete Venas”, formalizaron una queja y denuncia pública sobre el municipio e intendente de El Calafate y han decididos poner en el conocimiento de sus seguidores que debieron abortar un recital en un pub local donde estaban contratados porque desde la municipalidad les indicaron que el recital debían hacerlo en otro espacio y con entrada gratis por cuanto las presentaciones artísticas que se realizan estos días en el anfiteatro durante la Fiesta del Lago, “son gratuitas”

El comunicado de la banda dice que “En 21 años de trayectoria como artistas de la Patagonia, lamentamos informar la cancelación de nuestro show programado para el 18 de febrero en la localidad de El Calafate” y resalta que “Las trabas burocráticas y el hostigamiento constante de parte de la Gestión Municipal de El Calafate hacia cualquier evento que nos involucre como Siete Venas From del Monte, hace que sea imposible llevar adelante propuestas independientes con artistas locales, generando un ataque directo a la cultura santacruceña y a todos los trabajadores involucrados”.

Luego la banda aclara en el comunicado “Sumado al mal trato hacia los artistas santacruceños en el escenario de La Fiesta del Lago, con condiciones de contratación injustas, le siguen ahora las trabas burocráticas empleadas por el municipio quienes se esmeran en condicionar la realización de cualquier show de la banda en diferentes escenarios de la localidad, imponiendo tasas municipales exorbitantes, reducción de aforo de espectadores y reducción de horario con tal de perjudicar económicamente aquel productor y/o espacio que decida contar con un show de Siete Venas From del Monte”.

El mensaje, claramente dedicado a personalizar el conflicto que mantiene el Municipio de Javier Belloni con la banda, expresa “Para la sorpresa de los organizadores y productores locales, las excusas, siempre de palabra, son varias. La más reciente ha sido a través de un llamado telefónico, indicando que el evento podría realizarse en otro espacio, pero la entrada debía ser gratis, ya que el Municipio hace un esfuerzo enorme por traer artistas “gratis” a la Fiesta del Lago. Insólito!!!

Y culmina señalando “Lamentable postal del autoritarismo contra la música. Una vez más, pedimos disculpas a nuestros seguidores de El Calafate quienes siempre nos brindan su energía positiva en cada presentación de la banda”.

¿Gratuito? ¡De acá…!

Las fuentes consultadas respecto de lo sucedido, entienden que debe haber cuestiones de índole políticas o personal con la banda, los productores o algún integrante del grupo, por parte del intendente o funcionario del municipio y esa misma fuente criticó duramente a la organización de la Fiesta del Lago por “vender” el festival de varios días y muchos millones derivados a sostener la logística y las contrataciones, como “gratuito”.

El mismo modelo de festivales “gratuitos” de El Calafate, lo hace para el cumpleaños de la ciudad y fiestas de fin de año en Río Gallegos el intendente Pablo Grasso.

La “gratuidad” de estas fiestas es una de las trampas semánticas y políticas más antiguas y efectivas de la gestión pública. Al decir “entrada libre y gratuita“, el político no solo está describiendo el acceso al evento, está activando un mecanismo psicológico de deuda y gratitud en el ciudadano.

En la administración financiera el concepto “gratis” no existe. Lo que existe es el costo diferido o el subsidio cruzado. La “ilusión de gratuidad” es típico del engaño político de las distintas administraciones públicas. Si el gobierno dijera “este festival lo pagamos entre todos con el Impuesto a los Ingresos Brutos“, por ejemplo, el vecino haría el cálculo mental: “¿Cuánto me costó esto?”; al decir “gratis“, se rompe el vínculo entre el contribuyente y el gasto. El ciudadano siente que recibió un regalo, no un servicio por el que pagó.

Esto transforma al político de un “administrador de recursos ajenos” a un “benefactor generoso” y quita al gasto del centro de la escena, dejándolo a él, en este caso del intendente Javier Belloni y el intendente Pablo Grasso, que todos los años invierten sumas millonarias en esto que coloquialmente el reduccionismo popular describe como “pan y circo” (mantener a la población tranquila y distraída, para que no cuestiones al poder).

Generalmente cuando se cuestiona el gasto (el caché millonario de los artistas, el sonido, el escenario), la respuesta de manual del funcionario es el movimiento económico que produce en beneficio de la localidad o la región.

“Gastamos 500 millones, pero el movimiento en hotelería, gastronomía y kioscos fue de 2.000 millones“, es, por ejemplo, una excusa de manual. Rara vez se muestran los balances reales o el “costo de oportunidad“. Es decir, ¿qué se dejó de hacer (insumos hospitalarios, bacheo) para pagar ese caché? Ese es el costo invisible que la palabra “gratis” tapa.

Por ese motivo cuando un presidente, un gobernador o un intendente dice que te ofrece un espectáculo “gratis”, el que más caro lo paga es el propio pueblo. (Agencia OPI Santa Cruz)