El titular de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional advirtió que la caída del consumo, el aumento de las importaciones y el avance de plataformas de origen chino están afectando a la actividad. A nivel nacional, el sector acumula una caída del 22,6% en la producción y perdió más de 28.000 empleos formales desde diciembre de 2023.
La crisis que atraviesa la industria textil argentina también golpea con fuerza a Tierra del Fuego, donde ya se perdieron alrededor de 850 puestos de trabajo, según confirmó el presidente de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garófalo.
De acuerdo con lo publicado por InfoGremiales, el dirigente atribuyó el deterioro de la actividad a una combinación de factores, entre ellos la reducción del consumo interno, el crecimiento de las importaciones y la competencia generada por plataformas de comercio electrónico de origen chino.
“Por un lado la caída del consumo, por otro lado el incremento de la oferta que viene de importación”, explicó Garófalo durante una entrevista con una radio fueguina.
El dirigente también puso el foco en el crecimiento de las plataformas chinas dentro del mercado de la confección. Según señaló, estos canales de comercialización ya concentrarían una participación cercana al 40% del mercado, lo que representa una dificultad adicional para los fabricantes locales.
A esto se suma, de acuerdo con Garófalo, el problema de la subfacturación de productos importados, que a su entender genera condiciones de competencia desfavorables para la producción nacional.
La producción textil cayó 22,6%
La situación de Tierra del Fuego forma parte de un escenario más amplio de retroceso de la industria textil a nivel nacional. Según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) citado por InfoGremiales, la producción del sector disminuyó 22,6% durante los primeros siete meses de 2026 respecto del mismo período del año anterior.
Solo en julio, la actividad registró una contracción del 13% interanual, manteniéndose en niveles particularmente bajos en comparación con los últimos tres años.
El retroceso fue considerablemente superior al registrado por el conjunto de la industria manufacturera, cuya producción se redujo un 2,6% en el mismo período.
Dentro de la cadena textil, uno de los segmentos más afectados fue el de tejidos y acabados, que registró una caída del 35,1%.
Más de 28.000 empleos perdidos
La caída de la producción también tuvo consecuencias sobre el empleo. El sector que reúne las actividades de textil, confección, cuero y calzado contabilizó 92.531 puestos de trabajo formales en junio, lo que representó 1.284 empleos menos que el mes anterior y una reducción de 16.536 puestos respecto de junio de 2025.
Desde diciembre de 2023, el sector acumuló la pérdida de 28.322 empleos formales, de acuerdo con los datos difundidos por FITA y publicados por InfoGremiales.
El impacto adquiere relevancia si se considera el peso de estas actividades dentro de la industria. Textil, confección, cuero y calzado representan alrededor del 8,4% del empleo industrial, pero explicaron aproximadamente la mitad de la pérdida mensual y el 31% de la reducción interanual registrada por el sector industrial en junio.
Menor utilización de las fábricas y cierre de establecimientos
La crisis también se refleja en la capacidad productiva. La industria textil trabajó con apenas un 45,3% de su capacidad instalada, casi 13 puntos porcentuales por debajo del promedio industrial, que se ubicó en 58,2%.
Desde 2024, el nivel de utilización de las plantas textiles se mantuvo en una franja de entre el 30% y el 50%, por debajo de los niveles registrados durante 2023.
En paralelo, también se redujo la cantidad de establecimientos productivos. En junio se contabilizaron 4.282 unidades entre empresas textiles y de confección, 517 menos que un año antes. Desde diciembre de 2023, la pérdida neta alcanza los 770 establecimientos, con el 67% de esa reducción concentrada durante los últimos doce meses.
Frente a este panorama, Garófalo planteó que la recuperación de la actividad requeriría una mejora del poder adquisitivo que permita recomponer la demanda, un aumento de la productividad y medidas destinadas a evitar que los productos importados ingresen al mercado argentino bajo condiciones que perjudiquen a los fabricantes locales.